El auténtico SECRETO para llegar a TODO

A menudo hablamos con emprendedores de todo tipo y nos suelen preguntar:

- Vosotros que sabéis de neuroproductividad y alto rendimiento… ¿qué trucos, estrategias y hábitos puedo usar para llegar a todo?

Entonces les respondemos lo siguiente:

- Podemos ayudarte y darte nuestros mejores consejos para ser más productivo en tu negocio y en tu vida personal, pero nada de esto va a servirte si no integras la siguiente idea en tu vida:

“No se puede llegar a todo, si quieres ser productivo de verdad, el hábito más importante que vas a tener que adoptar es saber decir que no y descartar proyectos y propuestas con destreza”

¿Decepcionad@? Tal vez, pero ya es hora de que tomemos consciencia de esto para vivir con más satisfacción y bienestar.

Puede ser que tras esta explicación llegue un pensamiento a tu mente parecido al siguiente:

- Bah, seguro que no sabéis tanto de neuroproductividad cómo decís, si no sabríais cómo llegar a todo.

Tu ego, el personaje que has ido construyendo a lo largo de tu vida y con el que te identificas, es quién te susurra este mensaje. Y los emprendedores solemos tener un ego muy grande.

El ego cree que necesitas HACER para seguir existiendo. Por lo tanto, necesita que HAGAS más cosas sin límite alguno porque le va la vida en ello. Y esto es realmente agotador.

Cuando te das cuenta de que tú no eres tu ego, dejas atrás la necesidad de HACER sin parar y te sientes libre y en paz. Desde ahí se consigue la máxima productividad.

“No hay que hacer por hacer. No necesitas hacer para ser. Tú ya eres”

Entonces, los emprendedores nos dicen:

- ¡Pero yo quiero sentir que mi negocio avanza!

A lo que les respondemos:

- Ok, para poder sentir que avanzas, aunque parezca contradictorio la clave es enfocarte en pocas cosas a la vez.

Para esto último deberemos aprender a decir que no y descartar propuestas.

¿A qué tenemos que aprender a decir que no?

  • A propuestas que nos hacen los demás y que nos aportan poco valor
  • A cosas que nosotr@s mism@s nos proponemos hacer pero que ahora mismo no tenemos la energía suficiente para ello

¿Cuál es el criterio clave que puedo utilizar para saber si una propuesta mía o de otros me conviene o no?

Tu energía disponible. Sí, la frescura mental, la energía física, las ganas de hacer cosas, tu estado de ánimo…

Cuando tengas dudas en aceptar una propuesta hazte la siguiente pregunta:

¿Esta propuesta que se me plantea me quita o me aporta energía?

¿Qué te quita energía?

  • Aceptar TODAS las propuestas que te hacen los demás
  • Hacer TODO lo que te viene a la mente que te gustaría hacer
  • POSPONER indefinidamente lo que quieres hacer porque sientes que no puedes con todo
  • NO CUIDARTE física, mental y emocionalmente

¿Qué te aporta energía?

  • Aceptar sólo las propuestas que MÁS VALOR aportan a los demás
  • De todo lo que quieres hacer, sólo ENFOCARTE en lo que te aporta más valor
  • Aprender a DESCARTAR más de lo que aceptas hacer
  • CUIDAR tu cuerpo, mente y emociones para tener la máxima energía posible

“Normalmente cuando dices no a una propuesta, estás diciendo sí a tu energía”

Una buena proporción es 3 noes por cada sí.

Entonces viene la culpa y te dice:

- Pero eso es ser egoísta…

Déjame que te diga que ese sentimiento de culpa viene por la creencia de “primero los demás y luego tú”.

Te propongo una nueva creencia: “Primero tú para tener la energía necesaria que luego te permita ayudar a los demás”.

Si tú no te encargas de administrar y generar tu propia energía serás incapaz de dar a los demás.

Superada la culpa, luego puede venir otra "visita", el miedo. Es la última carta que tiene tu ego para boicotearte.

- Tal vez no tengas otra oportunidad igual

- O lo haces ahora o ya no lo harás nunca

- ¿Sabes lo que puedes perder si no aceptas esta propuesta?

Confía en la vida. La vida te trae lo que necesitas en cada momento. Descarta sin miedo. Si lo necesitas volverá, si no lo necesitas, no volverá. Es así de simple.

Ahora voy a poner un ejemplo difícil pero habitual de lo que trato de explicar en esta publicación.

Imagínate que un buen amigo te pide colaborar en la organización de un evento para recaudar fondos para una buena causa. Su solicitud consiste en que inviertas 20 horas de tu tiempo en el evento durante las dos próximas semanas.

Amigo: Hola, ¿cómo estás?

: Muy bien, ¿y tú?

Amigo: ¡Genial! Estoy montando un evento para recaudar fondos para que se investiguen las enfermedades raras.

: Fantástico, te veo muy ilusionado.

Amigo: Sí, así es. De hecho, he pensado que tú que te dedicas al desarrollo personal, podrías hacer una charla gratis para el evento sobre gestión emocional. Sobre todo, de cara a los padres que tienen hijos con enfermedades raras. También necesito manos para el montaje del día del evento.

: Vaya, ¿cuánto tiempo me supondría?

Amigo: Bueno, el día del evento que son unas 8 horas, más la preparación previa, las reuniones de organización…

: … (en silencio pensando: de la charla no dices nada eh, como si fuera llegar y besar el santo… Además es un tema que yo no trato específicamente tendría que prepararlo bien y eso son muchas horas. Vamos que entre una cosa y otra, 20 horas de mi tiempo…).

Amigo: Bueno, entonces me vas a ayudar para esta causa tan solidaria y entrañable, ¿verdad?

Llegados a este punto, se produce un silencio. Hay que decir algo. Mucha gente no puede con la presión y acaba cediendo: Sí claro, faltaría más.

Luego participan en la propuesta a regañadientes y se quejan sin parar a su entorno porque no asumen su decisión tomada de mala gana. El desgaste energético de hacer esto es enorme.

Pero no nos avancemos. Vayamos justo al momento antes de tomar la decisión. Por tu mente, pasan muchos pensamientos.

Por un lado, en este caso concreto, pongamos que honestamente no te interesa colaborar con el evento ya que claramente no estás dispuesto a dedicar esas 20 horas que te supone participar.

Puede que el sentimiento de culpa venga a visitarte o incluso que el mismo amigo, use el chantaje emocional para obtener tu “sí”.

¿Cómo vas a negar tu ayuda a esas personas y familias que sufren enfermedades raras? ¿Qué clase de ser humano serias si te negases a participar en un evento así?

Estas preguntas son interpretaciones subjetivas que provienen de creencias cómo “hay que ayudar siempre a todas las personas que lo necesitan” o “si no ayudas siempre que puedes o te lo proponen eres una mala persona”.

El punto es darte cuenta de que tal vez “no siempre” hay que ayudar a todas las personas que lo necesitan. O bien, que “la ayuda debe ser honesta y genuina, no impulsada por un sentimiento de culpa por si no se presta”.

Así que tal vez es hora de decir:

: Lo siento, pero no voy a participar en el evento que organizas.

Amigo: ¿En serio? ¿No te dan pena esas personas que sufren?

: Siento compasión por las personas que sufren, pero no me siento responsable de su sufrimiento. Mi decisión de no participar en el evento tiene que ver con que ahora mismo tengo otras prioridades.

Amigo: Me has decepcionado mucho, no me esperaba esto de un amigo como tú…

Esta última frase es un buen ejemplo de chantaje emocional. Es un intento de tratar de hacer sentir culpable a la otra persona para obtener la respuesta que se pretende.

: Si nuestra amistad depende de que yo te diga que sí a todo lo que tú crees que yo debería decirte que sí, no tenemos una amistad, tenemos un negocio, un contrato, un acuerdo comercial. Y sinceramente, eso sí que me decepciona.  

Con este ejemplo, quiero transmitir la importancia de saber decir que no cuando algo honestamente no nos interesa. Por supuesto, que está muy bien ayudar a las causas solidarias pero tomar decisiones solo para evitar el sentimiento de culpa es una mala opción.

Seamos honestos y escojamos muy bien a qué dedicamos nuestro tiempo, energía y atención. Este es el auténtico secreto para llegar a “todo”.

¡Ahora es tu turno! ¿Te ha sucedido algo similar? ¿Te cuesta saber decir que no? Nos encantará recibir tu experiencia en el apartado de comentarios, te agradecemos de antemano tu participación : )

¡Un abrazo conciliador!

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