Mi FAMILIA no aceptará jamás que me haga EMPRENDEDOR

Por fin estás convencido de que es el mejor momento para iniciar tu proyecto en el ámbito del desarrollo personal.

Estás tan entusiasmad@ que lo primero que piensas es en compartirlo.

¿Con quién compartirías primero tu iniciativa de montar tu propio negocio?

Aquí hay respuestas para todos los gustos, pero seguramente muchas personas lo compartirían con las personas que más cerca tienen: su familia.

Ahora bien, las reacciones familiares pueden ser de lo más variopinto.

Una cosa es decir que tienes una “posible idea”, y la otra es decir que te lanzas al vacío sin paracaídas.

Un par de ejemplos sobre 2 reacciones de lo más dispares:

Reacción 1

“Veo que finalmente te has atrevido a dar el paso, enhorabuena. Espero que te apañes rápido con este negocio, porque las facturas no esperarán ni un solo segundo en ser cobradas. Ya viste cómo le fue en su proyecto de coaching a Julia, al final terminó pagando sus deudas con un trabajo ruinoso en la cafetería de enfrente”.

Reacción 2

“Qué gran noticia, veo que todo lo que explicaste en su momento ha tomado forma. ¡Fantástico! Ya sabes que no soy nada buen@ en esto, pero si puedo ayudarte en cualquier cosa lo haré. Creo que tienes más que capacidades para hacerlo, estoy convencid@ de que saldrás adelante.

¿Te resulta familiar alguna de las 2 reacciones?

Seamos francos, no hay una reacción que pueda ser considerada “pura”. O euforia desatada o rabia furibunda.

Es probable que exista una mezcla entre las 2, aunque sí es verdad que una suele tener más fuerza que la otra.

Si tu familia te apoya al 100% de forma incondicional como en la segunda versión, entonces puedes obviar directamente el resto del artículo.

Si por lo contrario se acerca más al primer ejemplo (aunque de vez en cuando muestren algún destello de apoyo), entonces te aconsejamos encarecidamente que sigas leyendo.

Fíjate que en el calor del hogar estás muy sol@. Es verdad que la decisión es únicamente tuya, pero si tienes un entorno “hostil” te puedes llegar a sentir coaccionad@ y con poca capacidad de reacción.

Es verdad que tienes muchas opciones para “hacerle comprender” a tu pareja e hijos la importancia que tiene para ti emprender, pero en resumidas cuentas todo se basa en una sola acción inapelable: “aceptar”.

Aceptar que ellos tienen miedo y no lo ven tan positivo como tú. Aceptar que enfadarse es su mejor manera para decirte que te quieren y que te desean proteger. Aceptar que ellos no saben muy bien cómo lo harían y sólo te quieren transmitir sus dudas y su frustración. Aceptar que, aunque no te guste su reacción, sólo te están tratando de ayudar.

Ya sabemos que suena muy duro, pero es la mejor manera de afrontar una reacción que depende muy poco de ti.

Es verdad que podrías declinar empezar tu propio negocio en el desarrollo personal, pero entonces serías tú el principal perjudicado de una decisión que atentaría contra tu voluntad.

Tarde o temprano lo terminarías canalizando hacia ellos en forma de ira.

Si no has sido capaz de aceptar que tu familia no se alegre lo mismo que tú con tu proyecto, quizá estas 4 reflexiones prácticas pueden echarte un mano para flexibilizar tus creencias:

  • No todo el mundo piensa que emprender “mola”: es normal que te hayas atrevido a ser emprendedor por toda la adrenalina que te genera. El emprendimiento por sí mismo no genera altas dosis de emoción, pero sí lo generan las expectativas que tú tienes acerca de lo que significa.

Deberás entender que quizá a tu familia no le interesa en absoluto esta temática, y que lo ven como una amenaza a su status quo y para nada una fuente de felicidad. Aceptar esto resulta duro por la ilusión que tú tienes, pero resulta una condición indispensable para vivir en paz y evitar conflictos constantes.

  • Aguanta la respiración antes de discutir: es probable que recibas algún comentario poco agradable hacia tu actividad como emprendedor/a, sobre todo si los números a final de mes no terminan de cuadrar.

Cuando la incertidumbre y el miedo están presentes en los miembros de tu familia, es normal que te ataquen para aliviar su temor. Tu “obligación” es no avivar la llama, por lo que sería preferible que no entres en discusiones con poco valor añadido. Respira todo lo que puedas y busca otro momento para poder hablarlo. No se puede dialogar con alguien que ha sido secuestrado por un huracán emocional descontrolado.

  • No pidas comprensión por parte de tu familia: es fácil caer en la exigencia cuando empiezas un proyecto, como si todo el mundo tuviera que comprender tu decisión. “Es normal que haya otras personas que no me apoyen, pero mi familia debería estar siempre a mi lado”.

Si no quieres sufrir en algo que tú no puedes controlar, te invito a que abandones gradualmente esta creencia tan incrustada. No puedes exigirle a tu familia que te comprenda, sólo lo harán a su debido tiempo, cuando ellos lo estimen oportuno. Puede sonar cruel, cierto, pero resulta una enorme liberación para ti.

  • Mantén a raya la culpa: si sufres muchos “ataques” familiares, podría ser que te invada la culpa por estar transgrediendo lo que se considera normal, es decir, tener un sueldo que proporciona una estabilidad para tu familia.

Tú eliges hasta dónde llega la culpa que quieras sentir, piensa que lo estás haciendo lo mejor que sabes en algo que no tienes experiencia ni estás acostumbrado. Sólo tú puedes controlar los pensamientos intrusivos que te azotan, el resto sólo son palabras fuera de lugar que te flagelan y te impiden progresar en tus metas personales.

¡Ahora es tu turno! ¿Has tenido algún problema con tu familia a la hora de emprender? ¿O por lo contrario te han brindado su apoyo desde el primer momento? Nos encantará que nos compartas tu experiencia, escríbenos más abajo en la sección de comentarios.

¡Un abrazo conciliador!

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